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Terra
La Coctelera

Edicionando ediciones editadas

es war einmal,... un mes de vacío en mi incipiente blog me lleva a un nuevo recorrido por mis memorias...

Recuerdo una noche, casi irreal, en la que seis o siete personajes se encerraron en una casa a escribir, o a transcribir, una revista estudiantil (todo un lujo en aquella época, editar una revista en computador). Cada equipo tenía un dictador (voz clara, lector del manuscrito original), un digitador (buen oído, dedos ágiles, espalda resistente) y un revisor (ojo veloz y avizor, poca pestaña). El trabajo terminó a la madrugada y quedó almacenado en unos cuantos "diskettes" de aquellos doble-cara doble-densidad (2S-HD)... o fue tal vez en un disco duro enorme de 20 megas? Bueno, lo cierto fue que aquella revista nunca vio la luz del día...

Años más tarde, un esfuerzo mucho más coherente dió a luz un primer número de la misma revista (o de su nueva encarnación)... Sin embargo, el esfuerzo del parto fue tal, que el segundo número (trimestral) tardó casi un año en nacer y el tercero nunca llegó... el final feliz existe, pero no me corresponde a mi contarlo...

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Tiempo de vivir, tiempo de reir, tiempo de llorar... tiempo, tiempo, tiempo... es lo único que no logramos controlar. Podemos dibujarle un eje y meterlo en la ecuaciones más complicadas... teóricamente podemos manejarlo, derivarlo, integrarlo, eliminarlo... pero el cotidiano resiste a cualquier manipulación... aquí estoy escribiendo estas disgresiones porque mi tiempo al frente del teclado se reduce... bueno, es tiempo de poner el punto final. Hasta pronto.

Osiris.

Navegaciones por retropropagación...

Había una vez un rincón olvidado en la memoria, tanto más olvidado que los años la habían comenzado a llenar de huecos y atajos.

Rostros, nombres, huellas de un pasado lejano, tal vez falso... falsificado por la bruma de los años y el deseo de un pasado feliz. Porque, qué vida se podría llevar hoy si el pasado no fuera feliz?

En primer lugar, dos rostros aparecen, magnificados por las huellas del humito, de un humito muy prosaico y poco iluminado. El primero es un sempiterno sonriente de formas redondeadas y ensortijadas ideas. El segundo es un afilado perfil que no logra disimular detrás de su cinismo el inmenso amor que profesa al mundo.

Y al mirar al espejo, ningun rostro aparece... apenas una idea de lo que podria haber sido ese pasado pluscuamperfectible a más no poder.

Un altar existe, existía, en el mezzanine candelarino. Un tornamesa precariamente balanceado para resistir las oscilaciones de los discos de vinilo y las vibraciones de los bajos amplificadas por el piso de madera. Una guitarra de seis cuerdas, precariamente afinada para explicar la desarmante simpleza de Pink Floyd y el increible virtuosismo de Los Tres Diamantes. Un libro precariamente fotocopiado para que tres pares de ojos pudieran descifrar los códigos secretos de Borges y Cortazar.

Esta es la versión/visión que logro desenterrar (o que quiero encontrar) y si no es cierta, pues tanto mejor... los hombres tenemos derecho a re-construir nuestra historia personal como se nos venga en gana... o no?

"La memoria de los viejos es sumamente sospechosa... El niño en cambio es más fiel a los hechos ... guarda la historia esencial sin falsificarla, tiene una memoria selectiva, pero en la medida que el hombre envejece es sustituida por una memoria falsa." Alvaro Mutis [Nunca te he leido, pero con esta frase ya me caiste mal, que vaina]